En la mirada del temible mafioso

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Capítulo 3 El destino sobre la mesa.

La mañana la había sorprendido con los rayos de sol colándose desde la ventana, y un tremendo dolor de cabeza le hacía zumbar los oídos. Alice comenzaba a despertar sintiendo su mente nublada y su cuerpo completamente dolorido como si hubiese corrido un maratón completo. Estirándose un poco para relajar sus músculos, la hermosa rubia buscaba su ropa sobre su cama cuando sintió el calor de un cuerpo a su lado.

Alarmada, los nublados recuerdos de la alocada noche anterior la golpearon como un baldazo de agua fría, y llevando su mano a su hinchada y dolorida intimidad, notó que algo en ella había cambiado por completo. Estaba desnuda, y dando un vistazo fugaz a su alrededor, se percató de que ni siquiera estaba en su departamento. Entonces lo recordó, las palabras de aquel hombre candente de cabellos negros y profundos ojos azules, advirtiéndole, y dando una mirada temerosa a su costado, lo vio durmiendo profundamente junto a ella y su mente estallo.

Levantándose abruptamente de aquella enorme y lujosa cama, Alice se asustó de sí misma y de lo que había hecho con un completo desconocido del cual había olvidado el nombre, y temiendo que fuera a despertar para encontrarla allí mismo, con desesperación buscó su ropa para emprender una huida rápida.

—Maldición Alice, ¿Qué has hecho? — se regañó a sí misma en voz extremadamente baja ante el temor de despertar a aquel hombre.

Encontrando sus ropas exteriores intactas en el suelo, Alice las tomó y se vistió como alma que se llevaba el diablo, y acercándose un poco para mirar al hombre con el que estúpidamente había perdido su preciada virginidad, vio que su cuerpo estaba completamente cubierto de tatuajes incluso en el cuello, su perfil era realmente hermoso, y no supo si sentirse temerosa o afortunada de haber tenido sexo con un hombre así, pero no quería quedarse a averiguarlo.

Andando casi de puntitas, la hermosa rubia caminó por aquel enorme y demasiado lujoso departamento en busca de la salida, y cuando finalmente la encontró, salió de allí tan de prisa como le permitieron sus doloridas y temblorosas piernas, y subió al ascensor para huir de allí.

En el primer piso, un hombre al que recordaba vagamente como el mismo que la llevó a ella y al desconocido a ese lugar en una enorme limusina, la vio con suma curiosidad, pero la dejó marchar como si no le sorprendiera ver a una mujer salir de ese edificio de departamentos que parecía vacío.

Corriendo hacia la calle y sacando su celular de su bolsa, Alice pensó en llamar a Mathew, pero la memoria volvió a golpearla una vez más, y el recuerdo de su ex teniendo sexo con su hermana en su propia cama, la hizo detenerse en el acto. Con lágrimas en los ojos y sintiéndose tan perdida como nunca, Alice hizo la parada a un taxi que iba pasando, y sin dudarlo ni un instante se subió en el para dejar atrás aquel lugar del que había escapado aterrorizada de sus propios actos.

En silencio, Alice se reprochaba a sí misma su imprudente decisión de salir de aquel bar con un completo extraño, todo en su afán de demostrar que no era lo que su ex y su hermana le habían dicho que era.

—¿Cómo pude ser tan tonta? — se reprochó en ese momento, y mirando dentro de su bolso aquel boleto de avión que tenía listo desde el día anterior, se sintió casi aliviada.

La tarde anterior había recibido la noticia de que su proyecto de beca en los Estados Unidos había sido aceptado, y tan pronto como lo supo corrió al aeropuerto para comprar un boleto y marcharse ese día que recién había comenzado ya habiendo perdido su virginidad…pero cuando llegó a su departamento para cambiarse y correr a contarle a Mathew, se había encontrado con la terrible sorpresa de que su ex prometido usaba su departamento como un motel para tener sexo con su hermana mientras ella no estaba, y aquello la había destrozado tanto, que la buena noticia había quedado casi en el olvido, y había corrido al primer bar que encontró abierto después de haber sido humillada.

Bajando del taxi cuando llegó a su hogar, la hermosa joven se secó las lágrimas, y subió para empacar tan solo una pequeña maleta en la que junto a su ropa empacó también sus esperanzas y sueños casi hechos añicos.

Había decido ser libre, y alocada, y aquello le había costado su virginidad, y se arrepentía de ello. Dándose una ducha larga, la hermosa joven de cabellos rubios sollozó en silencio por sus malas decisiones y la traición de su ex y hermana, y luego de ello se marchó con la débil esperanza de nunca más volver al lugar en donde la habían tratado con crueldad tan solo por perseguir su sueño de ser una famosa pintora, y la habían juzgado tan duramente por ser una persona dedicada a sus estudios.

En su lujoso departamento, Elijah despertaba y buscaba con su mano al dulce ángel de quien había quedado prendado la noche anterior, pero al encontrar la cama vacía, se alarmó y levantó de golpe, notando la ausencia de Alice junto a su ropa.

—Se ha ido…ella se ha ido… — dijo casi con ira el apuesto mafioso.

Vistiéndose con premura, Elijah salió de su departamento sobrecogido por una ira atroz. Aquella mujer era virgen, él había sido el único hombre que la había tomado, y no iba a permitir que alguien más pusiera sus manos sobre ella. Era una promesa.

—Quiero que busquen a esa hermosa mujer con la que pasé la noche, su nombre es Alice, y la quiero de regreso a mi lado, he decidido tomarla como mi mujer, y no voy a perderla. — ordenó Elijah a sus hombres en cuanto llegó al primer piso de su exclusivo edificio de departamentos.

—Si señor. — respondieron en el acto.

Elijah maldijo el no haber preguntado por su apellido, pero aun así estaba dispuesto a cualquier cosa por encontrarla y recuperarla, Alice era completamente suya, y no la iba a dejar escapar así de fácil.

—Te voy a encontrar Alice, te advertí que no debías de provocar a Satán, porque te ibas a terminar arrepintiendo, mi mirada ahora está sobre ti, y no voy a dejarte marchar ni hoy ni nunca. Eres mía, y lo vas a ser siempre. — dijo Elijah mirando había la calle.

Horas después, Alice abordaba el avión que la llevaría a los Estados Unidos para estudiar arte, pero su corazón estaba hecho pedazos. Recordando durante un instante aquellos penetrantes ojos azules, sintió estremecer de placer, pero regañándose a sí misma, no se permitió volver a pensar en aquel hermoso hombre con el que había perdido su virginidad, y decidiendo dar vuelta a la página, se marchó en aquel avión en la búsqueda de un nuevo destino.

Sin embargo, Alice estaba lejos de saber que su destino estaba ya atado al de aquel hombre prohibido y peligroso, pues dentro de su vientre, crecía quien cambiaria el tablero del juego, y pondría el destino de todos sobre una mesa de papel sin remedio alguno.

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