El Bebé de mi Cuñado

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Capítulo 7 Katlyn la envidiosa

Sebastián miraba en silencio la pantalla de su computadora, donde se mostraba un video en blanco y negro que develada al ladrón de su cartera, más bien ladrona, porque la persona era nada más ni nada menos que su secretaria, ¡A quien había contratado para el mejor puesto! No podía creerlo, había sido bueno con ella después de todo, ¿Así le agradecía? 

-Voy a llamar a la policía inmediatamente- exclamó su gerente, levantando el tubo del teléfono. Rápidamente el CEO apretó el botón cortando la llamada- ¿Señor?

-Por el momento no voy a tomar cartas en el asunto. 

-Pero señor Aller es una ladrona

-Lo sé. 

Sebastián dirigió una fría mirada hacia el hombre, quien intimidado salió de la oficina sin decir más nada. No sabía porque, pero no quería alejar a la mujer de él, prefería tenerla cerca y tener esa carta guardada para un futuro. 

Helena tocó la puerta de la oficina de su jefe y esperó. 

-Pase- escuchó la voz grave del heredero y respiró hondo cerrando los ojos

“Vamos Helena tú puedes con esto, lo necesitas”

Puso su mejor sonrisa y entró a la amplia oficina de Sebastián. 

-Permiso señor Aller

-¿Qué necesitas?- preguntó amablemente para extrañeza de la secretaria. 

-Sé que es muy pronto para esto, pero si realmente no lo necesitara no se lo estaría pidiendo

-¿Qué es?

-Quería pedirle un adelanto- 

Helena cruzó sus dedos por detrás de su cuerpo, necesitaba el dinero para pagarle a la niñera, la mujer ya había dejado en claro que no aguantaría un mes más, no podía esperar a la primera paga. 

Sebastián se levantó de su asiento mullido de cuero y rodeó el gran escritorio con la elegancia de un felino y se acercó a su secretaria, que cerró los puños y se mantuvo firme en su lugar. La presencia imponente del hombre la intimidaba, otra vez su perfume exótico nublando sus sentidos y su rostro tenso pero hermoso tan cerca del suyo. 

“¡Para qué quiere más dinero si ya tiene el que me robó!” Pensó indignado. 

-Solo puedo darte ese dinero si haces horas extras…-Se acercó su oído- Limpiando- El susurro de su jefe le puso la piel de gallina. 

Helena se puso roja del coraje y apretó con fuerza los dientes. 

-No, gracias- No quería ser objeto de sus deseos, aún estaba desconcertada por lo que había sucedido en el ascensor, el hombre la despreciaba, pero también la miraba como si la desnudara con la mirada. 

Sebastián frunció en seño con enojo y caminó hacia su ventanal

-Está bien, como tú quieras, es tu problema, ahora vete.- Ordenó fingiendo desinterés.  

Helena salió echando humo

¿Y ahora que iba a hacer? 

Una vez que la descarada mujer salió de la oficina Sebastián golpeó con su mano abierta el cristal, liberando la ira contenida. ¡No lo entendía! Muchas otras mujeres morirían por estar con él, si tanto quería su dinero ¿por qué no se dejaba seducir?

Se sentó en su escritorio y abrió un programa en su computadora, era un experto en tecnología y no le costaba más que unos minutos entrar a la cuenta de cualquier persona. 

-¡Lo tengo!- exclamó victorioso cuando pudo hackear con facilidad la cuenta bancaria de la mujer, asombrándose al encontrar una buena suma de dinero en sus ahorros- Vamos a ver quién le roba a quien- sonrió maliciosamente mostrando sus colmillos relucientes y clickeó quitando todos los fondos. 

-Son 300 dólares-

-¿Trescientos dólares nada más? ¿Por esta televisión? Pero sí está prácticamente nueva

-Es lo que le puedo ofrecer señorita, tómalo o déjalo

Resignada, Helena tuvo que aceptar el dinero que el vendedor de objetos usados le ofreció. Con eso, que no era tanto como había imaginado, podría pagar a la niñera y comprar comida enlatada para lo que quedaba del mes, pero nada más. 

Helena sabía que el dinero de sus ahorros estaba ahí para ser usado y que era un monto considerable, pero desde que había muerto su padre se había prometido a sí misma que todo el dinero que guardase en esa cuenta sería solamente para los futuros estudios de su hermanito, no quería que él tuviera el mismo destino que ella, Lucas iría a la universidad y sería un profesional, tan solo tenía que aguantar un poco más. 

Katlyn se contoneaba con su outfit fucsia despampanante en la recepción de la empresa de su futuro esposo, con una sonrisa amplia de dientes relucientes y labios color carmesí de su propia marca, se acercó a un grupo de empleadas que hablaban entre ellas. 

-¡Señorita Walter!- exclamó una de las chicas haciendo que todas las demás se tensaran y dejaran de chismotear. 

-Señora Aller- corrigió- Relájense chicas, vengo como amiga no como jefa- rió divertida y les guiñó el ojo-

La empresaria se acercó más a ellas y les susurró-Voy a hacer una despedida de solteras

“Ohhh” “Wauu” “¡Que emoción!” Gritaron las chicas saltando de alegría.

-Pensaba invitar a todas las mujeres de la empresa a mi fiesta privada. Pero… hay una chica nueva ¿No es cierto? Como se llama…- fingió no recordar

-Helena

-¡Ah sí Helena! La pelirroja escuálida- rió divertida y las demás chicas la imitaron- ¿Qué opinan de ella? Yo creo que no es la gran cosa, entre nosotras, no tiene mucha experiencia en esto ¿No creen?

-Si…- hablaron todas al unísono mirándose entre ellas

-Chicas, les soy sincera, creo que cualquiera de ustedes podría tener ese puesto ¡Se lo merecen más que ella! 

-Si es cierto ¡Hace cinco años que trabajo aquí!

-¡Si! Yo tengo una asistencia perfecta y he cumplido con todo a tiempo. 

-¡Por eso chicas! ¿No les molesta que venga una mujerzuela sin estudios a robarse el mejor puesto de la empresa!

Todas asintieron estando de acuerdo y la rubia no pudo evitar sonreír victoriosa, las tenía comiendo en la palma de sus manos, “pobres chicas, que fáciles” Pensó

-A ver hermosas, me caen muy bien, podríamos ser amigas

Las empleadas sonrieron emocionadas, no podían creer que la mismísima Katlyn Walker, heredera de la industria cosmética más famosa del mundo, la que todas las chicas jóvenes consumían, quisiera ser amiga de ellas. 

-¿Qué les parece si les ofrezco un trato?

-Lo que sea Katlyn

-Les voy a ofrecer a cada una unos 2000 mil dólares si me ayudan a conseguir que echen a esa zorra roba maridos

-Oh Katlyn, no lo sé…

-Sí, agradecemos el dinero, pero…

-Y una de ustedes va a tener el puesto de secretaria, se los prometo, el sueldo es el doble- les guiñó el ojo

Las mujeres no se lo pensaron más, la propuesta de la rubia era tentadora, además era cierto que no soportaban a la nueva, ¡de un día para el otro había pasado de empleada de limpieza a secretaria presidencial!

Los rumores corrían y se decía que se había acostado con el mismísimo hombre del año Sebastián Aller, y no entendían cómo, ellas eran mucho más bellas que la mujer sin curvas. 

-Está bien me apunto

-Yo también

-¡Y Yo!

-¡Ay chicas! ¡Vamos a ser grandes amigas! 

La prometida de Aller las abrazó efusivamente mientras por dentro se regocijaba de lo que estaba a punto de hacerle a Helena.

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