Bebés Celestinas

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Capítulo 1 La hija ilegítima

En el salón de banquetes, los dedos de Emily Johnson se volvieron blancos mientras apretaba su copa de champán, su mirada se deslizó sobre la multitud bulliciosa hasta posarse en su padre, Simon Johnson, quien charlaba con las damas cercanas.

Ese rostro que antes adoraba ahora parecía nada más que la máscara de un hipócrita. Apenas tres meses después del funeral de su madre, ese hombre le dio la bienvenida a Celeste Johnson y a su hija, Clara Johnson, en su hogar.

—Emily, ¿por qué te escondes aquí? El señor Murphy aún quiere hablar contigo sobre esa asociación—. Una voz melosa envuelta en un perfume caro la envolvió, haciendo que la columna de Emily se tensara por instinto.

Emily sacudió una mano por sobre su cabeza, con disgusto. —No estoy interesada.

Clara, que era tres años mayor que Emily, era la hija ilegítima de Simon.

Cuando la madre de Emily, Scarlett Lewis, había estado postrada por la enfermedad, Simon llevó con descaro a Celeste, su amante, a clubes de alta categoría. Ahora la trajo a su hogar sin ninguna vergüenza. Celeste desfilaba con vestidos caros y se adornaba con las joyas que había dejado la madre de Emily, desempeñando el papel de la señora Johnson.

Clara se transformó de la noche a la mañana de hija ilegítima a princesa de la familia Johnson.

La sonrisa de Clara no se desvaneció mientras le ofrecía a Emily una copa de cóctel llena de un líquido rojo como bayas. —No seas tan fría. Somos hermanas, después de todo. ¿Quieres probar esto? Vi a la señora Bailey bebiéndolo el otro día. Es un nuevo cóctel llamado 'Intoxicación Soñadora'.

La guinda en el borde brillaba de forma extraña, haciendo que el estómago de Emily se revolviera. No podía olvidar cómo Simon insistió con impaciencia para que los médicos abandonaran el tratamiento durante los últimos días de vida de su madre. Tampoco podía olvidar la mirada de satisfacción en el rostro de Celeste cuando entró por primera vez en su hogar.

Ese hombre despreciable, su amante y su hija ilegítima abrieron incontables heridas sangrantes en el corazón de Emily.

—Bébelo tú—, dio un paso atrás, sus ojos llenos de rechazo sin disimulo.

Pero Clara fingió no darse cuenta y empujó el vaso hacia la mano de Emily con fuerza. —Hazme un favor. Mira, hay mucha gente observándonos. No podemos dejar que piensen que no nos llevamos bien, ¿verdad?

Emily siguió su mirada y notó varios pares de ojos curiosos dirigidos hacia ellas, llenos de especulación e interés.

Esas personas vivían del chisme. Si veían que trataba a Clara de esa manera, quién sabía qué rumores desagradables podrían difundirse.

Mientras Emily dudaba, Clara bajó la voz. —Papá nos pidió de manera específica que nos comportáramos como hermanas de verdad. No lo molestes por algo tan trivial.

Algo afilado atravesó el corazón de Emily.

Sabía muy bien que Simon ahora solo tenía ojos para Clara y Celeste. Cualquier desobediencia de Emily solo provocaría críticas más duras y mayor indiferencia.

Además, Simon aún controlaba Mirage Fashion—la empresa a la que la madre de Emily había dedicado toda su vida. Emily no podía permitirse enemistarse con Simon antes de recuperar ese negocio.

Emily levantó la mano con rigidez y aceptó el cóctel.

—Así está mejor—. La sonrisa de Clara se hizo más dulce, como si no hubiera sido ella quien amenazó a Emily.

Emily inclinó la cabeza hacia atrás y tomó un pequeño sorbo. El líquido amargo se deslizó por su garganta con una extraña sensación de ardor.

En cuestión de momentos, un calor antinatural se apoderó de su cuerpo.

Emily se aferró al cuello mientras el sudor frío empapaba de forma instantánea su vestido. Miró a Clara con incredulidad, el fugaz triunfo en los ojos de la mujer atravesó su cordura como un picahielos.

—Tú...

¿Cómo se atrevía Clara a drogarla en un evento tan público?

¿Estaba loca?

¿O eso había sido aprobado por su padre?

Clara estabilizó el cuerpo tambaleante de Emily con una voz enfermizamente suave.

—¿Qué te pasa, Emily? Te ves terrible. Déjame llevarte a descansar.

Mientras la arrastraban por el pasillo, la conciencia de Emily comenzó a nublarse.

El perfume de Clara llenaba sus fosas nasales, el mismo aroma que utilizó la primera vez que irrumpió en la habitación de su madre enferma.

—Suéltame... —luchó entre dientes, solo para ser empujada con brusquedad a una habitación de invitados.

Cuando la puerta se cerró, escuchó a Clara susurrar con un hombre afuera, su risa repugnante le hacía retorcer el estómago.

El fuego dentro de su cuerpo se volvía cada vez más insoportable. Emily se desplomó sobre la alfombra, lágrimas de humillación se le mezclaban con el sudor frío.

Odiaba a Simon por su insensibilidad, despreciaba a Clara por su crueldad, y se detestaba a sí misma por estar atrapada en esa familia tóxica, donde incluso el funeral de su madre había sido perturbado por esa pareja despreciable.

—Bueno, hola, preciosa. Te he estado esperando.

Una voz viscosa le perforó los oídos. Emily levantó la cabeza con cierta brusquedad para ver a un hombre barrigón: Roy Murphy, uno de los socios comerciales de su padre que la había mirado con lascivia en una reciente cena de negocios. Se acercaba, frotándose las manos, sus anillos de oro brillaban de forma asquerosa bajo la luz.

—¡Aléjate de mí! —gritó con todas sus fuerzas, sus uñas se clavaron en la alfombra.

El hombre retrocedió tambaleándose por su empujón, luego se lanzó hacia adelante con vergüenza enfurecida.

—¡Deja de actuar tan altanera! ¡Simon te entregó a mí! ¿Sabes qué? ¡Si te metes conmigo, haré que tu familia quiebre hoy mismo!

¡Simon!

¡Así que él había aprobado esto!

¡Su propio padre se dispuso a lanzarla a los lobos!

Emily encontró fuerza desde lo más profundo de su ser y pateó a Roy justo en la ingle. Mientras él se doblaba de dolor, ella salió con premura por la puerta.

¡Se negaba a dejar que esa criatura repugnante la tocara!

Emily corrió descalza por el pasillo, el frío piso de mármol le magullaba los pies. Las lámparas de cristal sobre su cabeza la mareaban, pero no se atrevía a detenerse.

Detrás de ella, las maldiciones furiosas de Roy se mezclaban con sus pisadas pesadas, golpeaban como el sonido de una campana que anunciaba la muerte de una persona contra sus nervios tensos.

—¡Maldita perra! ¡Vas a pagar por esto!

Emily podía sentir el calor inducido por la droga extendiéndose implacable por su cuerpo, su conciencia parpadeaba. Justo cuando estaba a punto de colapsar, una puerta delante de ella se abrió de repente. Un hombre alto salió con rapidez dejando la puerta un poco entreabierta.

Sin pensarlo, Emily se deslizó por la abertura como un pez. Mientras la cerraba tras ella, tanteó el cerrojo. El suave clic al engancharse fue el sonido más dulce que jamás había escuchado.

Apenas se apoyó contra la puerta escuchó la respiración pesada de Roy afuera.

—¡Maldita sea! ¿Dónde se metió esa zorra? ¡Cuando te encuentre, me aseguraré de que no puedas caminar en una semana!

El cuerpo de Emily tembló incontrolable. ¿Rompería ese hombre repugnante la puerta con su rabia?

Miró por la ventana, se hallaba en el piso28º . No había dónde correr.

¿Ahora se hallaba a merced del destino ?

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