Tabú

Download <Tabú> for free!

DOWNLOAD

Capítulo 2

Desde que entré en el Jardín del Tormento, la chica con el cabello rubio que llevaba un traje de cuero rojo captó mi atención. Estaba moviendo su cuerpo de una manera tan seductora que simplemente no podía dejar de mirarla. Traía a mis dos guardaespaldas conmigo, soy nuevo en el club, por lo regular solo voy a eventos que se celebran en casas de personas, pero me sugirieron que viniera aquí y por eso ellos me acompañaron esta noche. Necesitaba echar un vistazo al lugar primero. Vi a un chico rubio acercándose a la chica del traje rojo y fue como si ya yo hubiera tomado posesión de ella porque sentí que mi sangre estaba hirviendo. Permití que interactuaran y solo los observé desde la distancia, sabía que ella me había visto antes, y esperaba mi momento para acercarme a ella. Cuando ella intentó alejarse del chico y él la agarró, mis dos guardaespaldas actuaron de inmediato. Cuando ella tuvo la oportunidad de mirar hacia arriba, todo lo que vi fueron unos ojos verdes claros mirándome, era la mujer más hermosa que había visto, y y eso que he visto muchas. —¿Estás bien? —le pregunté. —Gracias, ya lo estoy. ¿Estaba coqueteando conmigo? Ya veríamos hasta dónde podría llevarnos esta situación. —¿Cuál es tu nombre, nena? —Maya. Sabía que ese no era su verdadero nombre, pero también conozco la importancia de mantenerse en incógnito. —De acuerdo, Maya, ¿te interesa jugar conmigo esta noche? Primero dio la impresión de estar sorprendida, pero luego pareció que quería aprovechar la oportunidad, sin mostrarme lo ansiosa que se encontraba. Después de un rato asintió con la cabeza. Pero así no funcionaba, necesitaba una confirmación verbal. —Dilo con palabras, Maya. —Sí, por favor, señor. En el instante en que le escuché pronunciar "señor", casi me corro ahí mismo en mis pantalones. ¿Qué demonios? Ya no soy un niño, ¿por qué tuve tal reacción hacia ella? —¿Quieres ir a decirle a alguien que te vas conmigo? —Si no le importa. —Me importa que no le avises a alguien, eso significa que no tienes en cuenta tu seguridad. —Volveré enseguida. La vi acercarse a uno de los Amos del Calabozo, conocía al tipo con el que estaba hablando, eso me hizo sentir más tranquilo. Le mostró que estaría conmigo y él debió darle su aprobación porque ella le sonrió. Cuando regresó, dijo: —Estoy lista, señor. —Bien, vamos a mi calabozo privado. Reservé un calabozo solo para mí que podía usar todos los viernes por la noche, me costó un ojo de la cara, pero cuando quiero un espacio para jugar, no deseo esperar porque todos se encuentran ocupados.

—¿Su propio calabozo, señor? —preguntó sorprendida. —Sí —fue todo lo que dije. —Si me permite ser tan directa, nunca le he visto antes y vengo aquí todos los viernes por la noche, ¿cómo puede tener su propio calabozo? —Ella era una verdadera sumisa, pues mostraba respeto en todo lo que decía. La forma en que hablaba me hizo pensar que era una verdadera sumisa incluso fuera del club. —Esta es mi primera vez en el club, tienes razón, pero no soy nuevo en la escena de dominación y sumisión y cuando quiero un lugar para jugar, no deseo reservar con anticipación ni esperar, no soy bueno esperando. Así que le ofrecí al dueño mucho dinero para tener mi propia habitación para mi estricto uso personal. —Oh —fue todo lo que dijo, ni siquiera parpadeó cuando hablé de dinero. Es claro que esta chica viene de una familia con dinero y mencionarlo no la impresionará. Cada vez me resultaba más atractiva. —Entonces, ¿podemos hablar sobre tus límites? —le pregunté. Todavía estaba de pie en medio de la habitación, tal vez esperando a que le diera permiso para sentarse. —Por favor, siéntate. — Ambos nos acomodamos en el sofá de cuero de la habitación. —Durante los próximos minutos, habla libremente. ¿Cuáles son tus límites? —le pregunté de nuevo. —Nada de juegos con sangre, nada de juegos médicos, nada de penetración manual profunda en el ano, nada de marcas visibles y nada de bastones. —¿Qué tal el juego de asfixia? —le pregunté. —Estoy bien con eso, mientras no llegue al punto de desmayarme. —De acuerdo, perfecto. Hubo un golpe en la puerta, sabía que sería uno de mis guardaespaldas trayéndome otro teléfono móvil. —Espera aquí un momento. —Le dije. Caminé hacia la puerta, tomé el teléfono y les dije que podían irse a casa, ya que estaría ocupado toda la noche. Regresé con ella y le entregué el teléfono. —¿Para qué es esto? —preguntó un poco sorprendida. —Es un teléfono móvil, quiero poder contactarte durante la semana. —¿Por qué? Solo estamos jugando esta noche. —Lo sé, pero quiero llamarte y asegurarme de que no estés experimentando una caída de sumisión, Maya. —Nunca he experimentado una caída de sumisión antes, ¿por qué lo haría ahora? —preguntó un poco ofendida. —Maya, Maya, estoy seguro de que eres una sumisa muy buena, esto no está sujeto a debate, tomarás el teléfono y cuando te llame durante la semana, espero que contestes. No te estoy pidiendo tu número ni tu nombre real, por eso te lo estoy dando. Ella quería decir algo, pero la interrumpí. —No he terminado, Maya. Si nunca has experimentado una caída de sumisión antes, entonces has estado jugando con los chicos equivocados porque no podrían haber sido hombres. Te prometo que después de esta noche experimentarás una caída de sumisión y debo estar allí para ti. Sé que probablemente no querrás verme fuera de estas paredes, pero necesito saber que estás bien. El cuidado posterior es tan importante para mí como el acto en sí. ¿De acuerdo? —¿Puedo seguir hablando libremente? —me preguntó. —Sí, por supuesto. —Doy por sentado que no tengo elección. —No, o te encontraré y me aseguraré de que estés segura y no emocional. —¿Cómo si ni siquiera conoces mi nombre real? —Y tú no conoces el mío ni sabes a qué me dedico. Si quiero encontrarte, nena, lo haré. —De acuerdo, tomaré el teléfono. —Bien. Ahora tu palabra de seguridad. —Pastelito. —¿En serio? —le pregunté. —Sí, Pastelito. —De acuerdo, entonces, Pastelito. Ahora desvístete y ponte en posición de sumisión. Voy al baño, cuando regrese, debes estar de rodillas desnuda en el centro de la habitación. —De acuerdo, señor. —Entonces la dejé para que se pusiera en posición de sumisión.

Previous Chapter
Next Chapter